La contra de La Vanguardia del 13/04/2011
-Hay dos opciones, o habitas el misterio con miedo y angustia o lo haces con fe, es decir, confianza.
De eso hablan todos mis libros y películas, de personajes que confían en lo desconocido, que viven con los brazos abiertos y que luchan contra las fuerzas negativas, la angustia y el miedo.
-¿Y usted vive como sus personajes?
Sí, siempre estoy de buen humor, lo que sorprende a la gente, y soy infinitamente curioso. Una cosa que me ayuda a disfrutar de la vida es la imaginación, que me permite explorar todas las puertas del presente.
-¿Cómo aplica la imaginación a la realidad?
La imaginación es dejarse invadir por el mundo y por la gente. Cuando estoy frente a alguien, me dejo penetrar por todas las sensaciones y las imágenes que emanan de ese individuo; es un conocimiento empático.
-¿Y desde cuándo?
Tenía 29 años, me apunte a un viaje de aventura: diez días caminando por el desierto del Sáhara y me perdí.
-¿Sin agua y sin comida?
Sí. Llegó la noche y pensé que iba a morir de miedo, pero ocurrió todo lo contrario. Me invadió la confianza, pasé una noche mística. Entré en ese desierto ateo y salí creyente. Me costó años poder hablar de ello, pero terminé confesando porque siempre me preguntan de dónde viene el optimismo de mis obras, y la fuente viene del desierto. Habito la vida con confianza.
-¿No era así de niño?
Era alegre, pero extremadamente angustiado, tenía miedo a la nada y la idea de que la vida era inútil, un puro fenómeno material; hoy creo que es algo más que una agitación de moléculas y que todo está justificado.
-Pues me ha partido el corazón.
El tema que trato en Cartas a Dios es duro, pero es una película optimista; un himno a la vida aunque la vida sea breve y frágil. Creo que hay que amar la vida como es, sin ilusiones, sabiendo que es corta, vulnerable y llena de dolor.
-¿Cuándo fue la primera vez que se acercó a niños terminales?
Mi padre era fisioterapeuta y trabajaba con ellos. Desde que cumplí los ocho años, todos los jueves y los sábados, me llevaba con él al hospital; así que crecí pensando que lo normal era estar enfermo y lo excepcional tener salud.
-¿Aprendió algo?
Al principio tuve miedo; luego aprendí que no tenía que permitir que la enfermedad construyera un muro entre ellos y yo. Y hablo de ello en la película: los padres de Oscar ven la enfermedad de su hijo en lugar de a su hijo, y el niño no lo entiende; cree que no le quieren. No hay que dejar que las situaciones se interpongan entre las personas.
-Qué difícil es eso.
Ya adulto acompañaba a una amiga que iba a los hospitales de voluntaria. Jugando con los niños descubrí que son mucho más francos y directos. Cuando están en situaciones frágiles, quieren hablar de la enfermedad, de la muerte, de todo lo que les ocurre. Son los adultos los que están asustados, y crean angustia con su silencio e hipocresía.
-Su película tiene algo muy profundo.
Un amor visceral por la vida tal y como es; no tal y como quisiéramos que fuera. Para mí, ser feliz no es tener una vida distinta a la que tengo, es entrar completamente en la que tengo; no es protegerse del dolor o la desgracia, es integrarlos en las tramas de la existencia. Con la misma vida puedes ser feliz o desgraciado; es una actitud mental.
-¿Una actitud que usted ha aprendido?
Sí, puedes luchar contra tu negatividad y pesimismo. Eso quiere decir que la inteligencia y la experiencia pueden servir para algo.
-Se adivina que ha vivido la muerte.
Sí, he acompañado a personas cercanas, a veces en largas agonías, y me ha hecho entender que era urgente amar y decir que amas; no hay tiempo que perder.
-Sus mujeres son fuertes y tiernas.
Para mi el hombre es simplicidad y la mujer complejidad. Cuando una mujer dice no, nunca quiere decir no, ni cuando dice sí. La mujer es paradójica, es fuerza y herida. Si no veo su herida, no puedo entenderla.
-¿Cómo es su madre?
Una fuerza sin ambigüedad ni ambivalencia. Creo que mi madre es un hombre.
-¿Qué quiere contar?
Tengo una obsesión: mostrar que cada uno de nosotros podría haber sido el otro. Incluso escribí un libro sobre Hitler para demostrar que convertirse en un bárbaro está al alcance de cualquiera. Hay una búsqueda ética: cultivar lo mejor en lugar de cultivar lo peor, y por tanto una dimensión moral.
-Cuesta trabajo ser bueno.
Sí, el mal se hace rápido y el bien es laborioso. En un segundo lo puedes destruir todo; por ejemplo, con un niño o en el amor con una sola frase.
-¿Cómo se aprende la confianza?
Aceptando que no todo es racional, aceptando abrir las puertas de la sensibilidad y la irracionalidad de la vida. Hay que amar la necesidad y todo lo inevitable.
-Pensar no es bueno para tener confianza.
Cierto. El pensamiento es el espíritu crítico, pero es necesario pensar hasta que llegas a ese umbral en el que el pensamiento ya no sirve para nada y ahí has de tirarte de cabeza: o al miedo o a la confianza.
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dilluns, 25 d’abril del 2011
Es urgente amar y decir a los que amas que los amas - Éric-Emmanuel Schmitt
dissabte, 12 de febrer del 2011
Eric-Emmanuel Schmitt: «Amar es querer los defectos del otro»
El Periódico de Catalunya, 11-02-2011
P- ¿Qué es para usted el amor?
-Para mí amar no es poseer, conocer, sino estar fascinado por otro ser. Es la muerte del egoísmo. Es algo salvador porque implica eliminar mi dimensión personal y abrirme a la de otra persona.
P- Ha dicho que el matrimonio implica la ausencia de ilusión, el sufrimiento.
-Parece muy negativo, pero no se puede ser feliz si no se pierde la ilusión. El amor debe ser preciso, lúcido; amar a alguien es amar también sus defectos. Los dos primeros años de una relación no vemos los defectos o los minimizamos, o pensamos que el otro cambiará, esto es la ilusión. El amor empieza cuando acaba la pasión, porque aparece el amor del otro.
P- ¿Y hace sufrir mucho a sus personajes?
-Es la historia de un gran amor que debe atravesar el desierto. Son capaces de sufrir para seguir amando porque lo más importante para ellos es la felicidad del otro. Aceptan la tristeza, la aridez... Son las pruebas que encontramos cuando queremos vivir un gran amor.
P- ¿Son entonces más felices los que evitan el compromiso y se lanzan a aventuras cortas?
-Una cosa no quita la otra, pero una persona que nunca ha tenido un gran amor es un inválido, porque nunca se habrá desprendido de su egoísmo para ir a buscar al otro. En las pequeñas historias dominan el placer, la aventura, la novedad... Permanece el egocentrismo.
P- ¿Usted, como Henrik Ibsen, es partidario de esas mentiras vitales que a veces son necesarias en la pareja?
-Sí. Cuando la verdad mata o hiere no hay que privilegiarla. Hay que decir la verdad cuando el otro puede entenderla pero de lo contrario lo prioritario es su felicidad, su bienestar, su equilibrio. Y eso no quiere decir que la sinceridad no importe, pero el valor supremo es el otro y hay cosas que no deben decirse.
P- ¿Y qué encuentra de perverso en el amor?
-El tiempo, la repetición... desgastan el amor, acaban con lo maravilloso de los inicios y para revivirlo es necesario mucha imaginación para luchar contra lo cotidiano; vivirlo como si fuera la primera vez.
P- ¿Para usted en el teatro prima más la emoción que la razón?
-Sí, primero es la emoción, los sentimientos y luego la reflexión.
P-¿Se ha inspirado en Hitchcock para abordar su intriga?
-Soy un apasionado de Hitchcock, amo la ambigüedad de sus personajes, nunca sabes si están al lado de la certeza o de la mentira. Son paradojas vivas y eso ha inspirado mucho mi escritura dramática.
P- Usted se metió a escritor tras pasar una noche perdido en el desierto...
-Sí, es verdad. Entré en el desierto ateo y salí creyente. Encontré la fe y eso que no la buscaba.
P- ¿Qué es para usted el amor?
-Para mí amar no es poseer, conocer, sino estar fascinado por otro ser. Es la muerte del egoísmo. Es algo salvador porque implica eliminar mi dimensión personal y abrirme a la de otra persona.
P- Ha dicho que el matrimonio implica la ausencia de ilusión, el sufrimiento.
-Parece muy negativo, pero no se puede ser feliz si no se pierde la ilusión. El amor debe ser preciso, lúcido; amar a alguien es amar también sus defectos. Los dos primeros años de una relación no vemos los defectos o los minimizamos, o pensamos que el otro cambiará, esto es la ilusión. El amor empieza cuando acaba la pasión, porque aparece el amor del otro.
P- ¿Y hace sufrir mucho a sus personajes?
-Es la historia de un gran amor que debe atravesar el desierto. Son capaces de sufrir para seguir amando porque lo más importante para ellos es la felicidad del otro. Aceptan la tristeza, la aridez... Son las pruebas que encontramos cuando queremos vivir un gran amor.
P- ¿Son entonces más felices los que evitan el compromiso y se lanzan a aventuras cortas?
-Una cosa no quita la otra, pero una persona que nunca ha tenido un gran amor es un inválido, porque nunca se habrá desprendido de su egoísmo para ir a buscar al otro. En las pequeñas historias dominan el placer, la aventura, la novedad... Permanece el egocentrismo.
P- ¿Usted, como Henrik Ibsen, es partidario de esas mentiras vitales que a veces son necesarias en la pareja?
-Sí. Cuando la verdad mata o hiere no hay que privilegiarla. Hay que decir la verdad cuando el otro puede entenderla pero de lo contrario lo prioritario es su felicidad, su bienestar, su equilibrio. Y eso no quiere decir que la sinceridad no importe, pero el valor supremo es el otro y hay cosas que no deben decirse.
P- ¿Y qué encuentra de perverso en el amor?
-El tiempo, la repetición... desgastan el amor, acaban con lo maravilloso de los inicios y para revivirlo es necesario mucha imaginación para luchar contra lo cotidiano; vivirlo como si fuera la primera vez.
P- ¿Para usted en el teatro prima más la emoción que la razón?
-Sí, primero es la emoción, los sentimientos y luego la reflexión.
P-¿Se ha inspirado en Hitchcock para abordar su intriga?
-Soy un apasionado de Hitchcock, amo la ambigüedad de sus personajes, nunca sabes si están al lado de la certeza o de la mentira. Son paradojas vivas y eso ha inspirado mucho mi escritura dramática.
P- Usted se metió a escritor tras pasar una noche perdido en el desierto...
-Sí, es verdad. Entré en el desierto ateo y salí creyente. Encontré la fe y eso que no la buscaba.
dijous, 20 d’agost del 2009
Le Libertin - Eric-Emmanuel Schmitt
Mme Therbouche - ... qu'allez-vous prescrire dans votre article "Morale"?
Diderot - Il ne paraîtra pas. Pour la morale, dans ma vie, je me contenterai de bricoler, bricoler en faisant le moins de mal possible aux autres et à moi-même, bricoler au jugé, au toucher, en improvisant. Je ne produirai pas de philosophie morale, je me limiterai au bon sens et à la bonne volonté, comme tout le monde. Je me demande si la sagesse, parfois, ne consiste pas à renoncer d'écrire.
dimecres, 19 d’agost del 2009
Le Libertin - Eric-Emmanuel Schmitt
Baronnet - Je suis déçu, monsieur
Diderot - (sincère). Moi aussi, mon petit Baronnet.
Baronnet - C'est la vie qui est comme ça?
Diderot - (doucement). Non, pas la vie, la philosophie.
Baronnet - Je croyais qu'être un philosophe, c'était dire ce qu l'on pense.
Diderot - Bien sûr. En même temps, être un philosophe, c'est penser tellement de choses...
Baronnet - Mas être un philosophe, c'est s'arrêter sur une pensée et y croire.
Diderot - Non, ça, c'est être un crétin. (un temps). Le crétin ne dit pas ce qu'il pense mais ce qu'il veut penser, il parle en conquérant
(Baronnet soupire. Diderot le regarde avec tendresse)
Diderot - (nostalgiquement). Tu es comme tous les jeunes gens: tu attends le grand amour et la vraie philosophie. Au singulier. Rien qu'au singulier. C'est cela, le travers de la jeunesse: le singulier. Vous croyez qu'il n'y aura qu'une femme et qu'une morale. Ah, la passion des idées simple, come elle peut nous faire du mal, à tous! Un jour, mon petit Baronnet, tu vas te forcer à n'aimer qu'une jeune fille, à ne vivre que pour elle, que par elle, même quand elle ne sera plus elle et tu ne seras plus toi: vous vous serez enfoncés dans le premier des malentendus, un malentendu terrible, la malentendu du grand amour! Et puis, parce que tu as la tête trop vive, tu veux déjà t'amouracher aussi de la philosophie, l'unique philosophie qui te donnera toutes les réponses: deuxième malentendu. (il tapote l'épaule de Baronnet) Mais il n'y a pas qu'une femme ni qu'une philosphie. Et si tu es bien constitué, tu devras papillonner. Comment décider de l'indécidable? Transformer ses hypothèses en certitudes. quelle prétention! Lâcher toutes les idées pour une! Le fanatisme n'a pas d'autre origine. Sois léger, mon petit Baronnet. Abandonne ton esprit à son libertinage. Endors-toi avec celle-ci, réveille-toi avec celle-là -je parle des idées-, quitte celle-ci pour une autre, attaque-les toutes, ne t'attache à aucune. Les pensées sont des femmes, Baronnet, on les renifle, on les suit, on s'en grise et puis, brusquement, le désir bifurque et l'on va voir ailleurs. C'est une fille de passage, la philosophie, ne la prends sourtout pas pour ton grand amour. Une académie de philosophie, qu'est-ce que c'est? Un grand bordel où les putains sont mandatées par des entremetteurs, des professeurs, des vieux messiers à lunettes et déjà édentés.
Sois léger, mon Baronnet, tout léger, la pensée pas plus lourde qu'une plume. Quel homme possède jamais une femme? Quel homme possède jamais la vérité? Illusions... Les hommes et les femmes se rencontreron-ils un jour? Ce que la femme désire, est-ce que l'homme désire? Et ce que l'un attend de l'autre, est-ce bien ce que l'autre veut doner? Le soleil et la lunes se frôlent, se rapprochent mais jamais ne se touchent ni se confondent. Ne te fie à personne, jamais, pas même à toi.
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Filosofia,
Le Libertin,
Schmitt
dilluns, 17 d’agost del 2009
Le Libertin - Eric-Emmanuel Schmitt
Diderot - Je me suis toujours méfié des gens qui parlaient plusieurs langues.
Mme Therbouche - Vous avez raison, ils ont forcément quelque chose à cacher.
dijous, 13 d’agost del 2009
Le Libertin - Eric-Emmanuel Schmitt
Diderot - Mais si! Seulement, je tiens que la morale n'est rien d'autre que l'art d'être heureux. (Il bondit au bureau). Tiens, regarde, c'est d'ailleurs ce que j'étais en train d'écrire pour l'article "Morale" de l'Encyclopédie. (Et tout en parlant, il se met à écrire spontanément ce qu'il dit à son épouse.) "Chacun cherche son bonheur. Il n'y a qu'un devoir, celui d'être heureux. La morale est la science qui fait découler les devoirs et les lois justes de l'idée du vrai bonheur."
Mme Diderot - Oui, mais enfin, monsieur le penseur, ce qui te rend heureux ne me rend pas toujours heureuse, moi!
Diderot - Comment peux-tu croire que le même bonheur est fait pour tous! (Il écrit). "La plupart des traités de morale ne son d'ailleurs que l'histoire du bonheur de ceux qui les ont écrits." (Il gratte le papier avec volupté).
Mme Diderot - (avec une moue interrogative). C'est à toi qu'on a confié l'article "Morale" dans l'Enciclopedye? Pouquoi pas l'article "Boeuf mironton" ou bien "Blanquette de veau"?
Diderot - Quel rapport?
Mme Diderot - Tu ne sais pas faire la cuisine
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