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dijous, 17 de maig del 2012

Doble juego de culpa - Alberto Manguel - Babelia, El País 21-04-12

Culpables sin conocimiento de causa, salvados sin acceso a la salvación, los seres humanos somos, para Kafka, encarnaciones modernas de Odiseo, cuyo obligatorio retorno es constantemente impedido por un caprichoso y persistente dios. Es famosa la respuesta que Kafka dió a su amigo Max Brod cuando éste, harto de tanta pesadumbre, lo increpó: "¡Pero si dices eso, entonces no hay esperanza!". "Ah no", le respondió Kafka con una sonrisa. "Esperanza hay, pero no para nosotros". Bajo esta esperanza siempre ajena transcurren nuestros sufridos días y agónicas noches. Cuenta Citati que, un año antes de su muerte, Kafka, se encontró en Müritz con su hermana Elli y sus tres hijos pequeños. Uno de ellos tropezó y cayó al suelo. Los otros estuvieron a punto de reír cuando Kafka, para evitar que el niño se sintiera humillado por su torpeza, le dijo con un tono de gran admiración: "Que bien te has caído, y qué maravillosamente te has levantado!". Podemos imaginar que, toda su vida, caída tras caída, y sabiendo que la espera era en vano, Kafka espero que Alguien le dijese esas palabras.

diumenge, 6 de febrer del 2011

Lo quiero todo

Javier Gomá Lanzón. Babelia. El País 29/01/2011

… Bien mirado, ese áurea mediócritas que pondera Aristóteles en su Ética está edificada sobre una sucesión de contraposiciones entre extremos a los que hay que renunciar para elegir siempre un austero término medio. Y disciplinadamente, yo hice mis elecciones: elegí casa, elegí oficio y me busqué una posición en el mundo.
Y entonces me ocurrió lo que dice determinado personaje de una novela de Jane Austen: que ”por haberme comportado prudentemente en la juventud, me voy haciendo romántico con la edad”. Por supuesto, no tengo intención ni mucho menos de renunciar a cuanto ya he elegido, ¡no tengo intención de renunciar a nada! Pero recuerdo que la gente me decía: “No lo puedes tener todo; tienes que elegir” y ahora estoy en condiciones de responder a la gente y responderme a mí mismo con potente voz: “No, no quiero elegir. ¡Yo lo quiero todo!”. Ya no más dilemas, aporías, antagonismos aut-aut kierkegaardianos, alternativas insuperables. Lo quiero absolutamente todo. Lo grande y lo menudo, la ebriedad y la rutina, la pasión y la felicidad, el placer y la virtud, la vulgaridad y la ejemplaridad, la vocación y la profesión, esta vida y la otra, la altura y el peso, la gravedad y la gracia, la ingenuidad y la lucidez, la experiencia y la esperanza, la altura y la profundidad, el norte, el sur, el este y el oeste, incluyendo, como leí en algún sitio, el “cuerpo” y el “arma”, y todo ello hasta alcanzar el grado que indica el libro de Sackville West: All Passion Spent. Ahora que ya estoy pasablemente adaptado al mundo, lo quiero todo sin renunciar a nada, aunque también –es importante añadir- sin presunción.
Y si, para conseguirlo, he de padecer la fatalidad de algunos sufrimientos, los quiero a éstos también. Mejor dicho: no los quiero ni los invoco –hacerlo sería una jactancia muy semejante a la hybris- pero sí los acepto deportivamente porque quien desee comerse todo el canasto de las cerezas tendrá que conformarse con que unas se enreden con otras y que las más ricas se confundan con las más amargas. Si los gozos infinitos demandan penas infinitas, procuraré vivir estas últimas sin desesperación. Y cuando alguna vez esté al borde de caer en ella, para conjurarla recitaré como una letanía los divinos versos de Goethe: “Todo lo concede la Fortuna a su favorito, por completo. Los gozos, los infinitos; las penas, las infinitas, por completo”.

dissabte, 31 de juliol del 2010

Harold Bloom - Ensayistas y profetas. El canon del ensayo. - Babelia, 31-07-2101

¿Han sido las religiones -parece preguntarse Steiner- una fascinante invención de los seres humanos que, con el propósito de conferir un sentido a la vida, han contribuido poderosamente a amargar la existencia de sus fieles (y, más que a menudo, la de sus prójimos)?

"Juego de Espejos" - Entrevista a Charles Baxter - Babelia, 31-07-10

Sentado en la terraza del café, Baxter recita un extracto de la novelista que aparece en El ladrón de almas y se explica: "Hace tiempo empecé a detectar a un tipo de persona que no tiene nada original, que toma prestado todo de alguna parte ya sean series de televisión, libros o canciones. La persona de verdad nunca aflora y uno sigue esperando que detrás de esas capas haya algo, pero está vacío". Coolberg, representante en su novela de esta tendencia, acaba como estrella de un programa nocturno de radio, un confesionario a micrófono abierto con gran audiencia en el que consigue apropiarse de vidas ajenas. "Los habitaba mediante el análisis sintáctico de sus relatos", escribe Baxter. "Se metía en el interior de sus anécdotas y de sus yoes anónimos". ¿No roba también un autor el alma a sus personajes? "No, pero debe creer que hay un alma que robar"

dissabte, 1 de maig del 2010

Doctorow

Entrevista en Babelia (El País), 01-05-2010

"Siempre ha sido más fácil para la derecha llegar a la gente. El psicólogo Wilhem Reich dijo que la mente del hombre promedio está construida para el fascismo: es mucho más fácil para la derecha llegar a ese lado antediluviano de la gente, sus miedos, sus ansiedades, que para la izquierda trata de apelar a la razón."

diumenge, 8 de novembre del 2009

El club Casanova - Babelia

Fietta Jarque
Babelia, 8/11/09

Sobre Casanova:

Adora a las mujeres. A todo tipo de mujeres, ricas y pobres, sin importarle la edad y procedencia, siempre y cuando le resulten interesantes. Le gustan, sobre todo, las jóvenes inteligentes y con carácter. Se enamora sinceramente cientos de veces porque se resiste a llevarse a la cama a una mujer que no ame. Aunque ese amor no dure mucho y su resistencia al matrimonio sea su único dogma de fe. Comparándolo con la leyenda del otro gran seductor, el autor francés Philippe Sollers escribe en su libro Casanova l'admirable: "Don Juan es el volcán, Casanova el jardín".

En el prólogo de la edición de Atalanta, Félix de Azúa señala las diferencias entre ambos personajes. "El veneciano es el anti-Don Juan, su contrario y enemigo. Allí donde el aristócrata sevillano, infectado por la teología, se muestra vengativo, psicópata, misógino y engañador, en ese mismo lugar luce el burgués veneciano cómplice de las mujeres, su secuaz y su salvador en más de una ocasión".